domingo, 15 de abril de 2007

Me duele el cabello, y lo digo literalmente, me duelen los ojos, la nariz, y los labios; mis uñas y mis rodillas; mis pies y hasta el hueso aquel que ni sabía que existía. Me duele el corazón inclinado a la derecha, mi hígado volteado y mi cabeza fuera de su lugar. Él se ha ido.

Mis manos repiten su nombre y no sé cómo hacer para callarlas, porque por las noches gritan tan fuerte que ya ni los vecinos pueden dormir. Todas las mañanas despiertan, las pobrecitas con las cutículas hinchadas de tanto haberlo llorado. Antes de anoche ocurrió algo realmente lamentable. La señora Juana, quien vive en la casa de al lado, tocó mi puerta… sería como las 1 y media… me levanté muy molesta porque apenas y estaba pegando los ojos debido al escándalo. “Buenos días”. “Hey! Sí buenos… ¿en qué puedo ayudarla?”, dije tratando de mantener los dedos dentro de mis bolsillos, que se movían desesperadamente queriendo ver lo que estaba sucediendo.

- Los vecinos ya estamos cansados de los ruidos que salen de su casa todos los días desde hace una semana, justo después de que usted volvió.

- Lo lamento, entiendo a qué se refiere, pero no sé aún como solucionarlo.

- Es fácil, tómese una pastilla antes de dormir y verá cómo se soluciona todo.

- Es que es no soy yo… verá … son mis manos…

- ¿Cómo sus manos?

- Sí, mis manos - dije, y las saqué de los bolsillos, le mostré a aquella señora mis manos todas ajadas de tanto llorar y gritar-. Déjeme que le explique…

- Por Dios, ¿usted está loca?

- No loca, no; enamorada. Pero creo que mis manos mucho más que yo.

La señora Juana hizo un gesto de asco cuando me dispuse a contarle algo de mi historia, al ver su rostro me di cuenta de que esa tía nunca entendería nada, y que perdería una hora de intentar dormir… así que le comenté que sufría de pesadillas y que le haría caso a sus recomendaciones de pastillas.

Pobre de esta gente que no entiende que las manos también se enamoran... que el cabello también extraña y que los ojos besan… No creo estar loca; simplemente, que uno también es su cuerpo, y un cuerpo extraña.

Al día siguiente fui por las pastillas, algo de Clonazepan y estaría más tranquila, pero ahora que me siento en mi cama, y sujeto la pastilla en mis dedos… ¿cómo hago que se las tome? Todo un dilema este que tengo entre las manos. Los pobres vecinos no podrán dormir tampoco esta noche, y la señora Juana vendrá a tocarme la puerta nuevamente.

2 imágenes:

Onironauta abril 23, 2007 8:33 a. m.  

pronto esas manos no gritarán! porque las meteré en mi bolsillo cuando esté haciendo frio y las tomaré con mi mano siempre!

Onironauta mayo 14, 2007 3:04 p. m.  

que pasa con este blog que no se lee nada nuevo????

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